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NIRAM ART NUMERO 10LA ÚNICA FUENTE VERDADERA DE ARTE de CASPAR DAVID FRIEDRICH
Fri May 23 22:35:30 2008
DECLARACIONES EN LA VISITA A UNA EXPOSICIÓN (1830) Este cuadro está bien hecho, pero no está ponderado; ha sido inventado, pero no sentido. Este otro ha sido profundamente sentido, pero está mucho menos ponderado y aún peor hecho. Este cuadro ha sido sentido y está suficientemente ponderado, pero algo mal hecho. Este es un cuadro que vuelve a recordar otros cuadros, pero no a la naturaleza. El que lo ha pintado pertenece al montón. El sentimiento del artista es su ley. El sentir puro nunca puede ser contrario a la naturaleza, siempre será adecuado a la naturaleza. Jamás debe imponérsenos el sentimiento de otro como ley. La afinidad espiritual provoca obras parecidas, pero de ahí a la copia hay mucha distancia. Pese a todo lo que se diga de los cuadros de XXX, y por mucho que se parezcan a los de Y, han surgido de él mismo y son de su propiedad. Se dice de este pintor que tiene todo el poder sobre el pincel. ¿No sería más correcto decir que se halla bajo el dominio de su pincel? Sólo por la vanidad de brillar en la pintura y adquirir destreza con el pincel sacrificó lo más elevado, naturaleza y verdad, y logró así una pasable fama al brillar como pintor práctico. De nuevo una bella creación de la mano de XX, pues sus cuadros no pueden llamarse de otra forma. Quisiera ver alguna vez una creación de su espíritu, o de su alma, o de su ánimo, o de su sentimiento -o como quiera llamarse-, ¿o es que no hay tales? ¿Quién quiere saber qué es lo único bello y quién quiere impartirlo? ¿Y quién lo que es naturaleza del espíritu, y poner límites y dar reglas para ello? ¡Oh, hombres secos y apelmazados por la rutina, seguid ideando reglas! La muchedumbre os elogiará por las muletas que le ofrezcáis, pero quien sienta una fuerza propia se burlará de vosotros. A los señores jueces del arte no les bastan nuestro sol alemán, nuestra luna, estrellas, roquedales, nuestros árboles y hierbas, nuestros campos, lagos, ríos. Todo debe ser italiano para poder reclamar grandiosidad y belleza. El arte aparece como mediador entre la naturaleza y el hombre. A ojos de la muchedumbre el modelo original es demasiado grande y sublime como para poder ser abarcado. La copia, como obra del hombre, se halla más próxima a los débiles, y así se explica esa idea que tan a menudo se escucha de que la reproducción place más que la naturaleza (la realidad). O, según la forma coloquial: es tan bello como si estuviera pintado; en lugar de decir de una pintura que es tan bella como si fuese naturaleza. (...) Dejad, hombres sabios, que cada aspiración siga sin trabas su camino, pues incluso los errores conducen finalmente a algo bueno. Toda época tiene sus buenos y malos espíritus, has de reconocer sólo lo mejor del presente; y no antepongas, como muchos lo hacen, el pasado como modelo indiscutible para al presente. Se puede, en cualquier caso, prevenir, pero no ponerse de por medio. El arte ha de compararse con un niño, la ciencia con un hombre. La única fuente verdadera del arte es nuestro corazón, el lenguaje de un ánimo infantil puro. Una pintura que no haya surgido de ese manantial sólo puede ser artificio artesano. Toda obra de arte auténtica se percibe en hora solemne, y nace en feliz hora, a menudo sin que el artista sea consciente, desde un impulso interior del corazón. Cierra tu ojo corporal, para que veas primero tu pintura con el ojo del espíritu. Entonces deja salir a la luz lo que viste en la oscuridad, para que pueda ejercer su efecto sobre los otros, del exterior al interior. El arte no consiste en solucionar problemas, eso sería en todo caso hacer piezas de arte. El pintor se ejercita en la invención, en la composición, como la llaman. ¿No significa esto, en otras palabras, que se ejercita en separar remiendos y recoser? No inventada, sino sentida ha de ser una pintura. Observa bien la forma, la pequeña tanto como la grande; separa empero lo mezquino del conjunto todo. Expresarse en contradicciones es algo que suelen querer los pintores. Ellos lo denominan contraste. Curvo frente a lineal, frío frente a cálido, claro frente a oscuro, son éstas las aseadas muletas con las que una triste condición sigue cojeando. Se dice de XX que no sabe lo que quiere -yo también lo creo, o, al menos, él no sabe expresarlo con palabras-. Pero, pese a ello, se dice a su vez que las obras de XX nos hablan y elevan el corazón y el sentimiento y fijan en sí nuestra atención. Pero XX dice de vuestros cuadros que no puede reconocerse en ellos voluntad alguna, ni clara ni oscura, y es ésta también mi opinión. Este cuadro es grande, pero falta la grandeza en el cuadro. Este cuadro es grande y, no obstante, uno querría que fuese mayor, pues es tal la sublimidad en la comprensión del tema que, habiéndose sentido grande al realizarse, exige siempre una extensión aún mayor en el espacio. Por eso, es siempre un elogio para una pintura que se la quiera más grande. Aunque XX no sea un excelente pintor, es seguro mejor paisajista, o mejor poeta del paisaje, que muchos que han aprendido en la escuela a dar tumbos con el pincel. Me es más querido que otros muchos, yen sus pinturas se reconoce siempre el ánimo profundo de un hombre reflexivo, de modo que, en cualquier caso, se olvida uno de la mala traza, en pro de la poesía. Evidentemente, en el emparejar ambas cosas radica la perfección. (...) Las almas esclavas de nuestros días desconocen su tiempo, y algunas incluso a sí mismas, a pesar de que realmente no escasean la predisposición y el mejor talento. (...) No debe aspirarse a aprender según una manera; por desgracia aparece ésta muy pronto por sí misma, sin que uno necesite aplicarse expresamente para ello. Tal y como cada uno tiene su propia forma de andar, de ver, de tenderse, de hablar..., igualmente tendrá cada uno su modo propio de pintar, sin que necesite previamente un especial estudio para dar con él. Pero la manera conseguida de este modo se corresponde rigurosamente a nuestra propiedad y a nuestra esencia. Si el cuadro ha sido sentido verdaderamente, el comentario de los demás sólo resulta molesto. Pero, aunque el cuadro no haya sido sentido y sea tan sólo mala artesanía, los comentarios y advertencias de otros no dejan de ser inútiles; pues, quien así se dispone, tampoco adopta la palabra profundamente sentida. El hombre, el pintor, está obligado a la propiedad de su espíritu. De ahí la originalidad y la unidad en ese cuadro. Dado el aislamiento en el que XX vive, no sabe de muchas cosas, y menos aún de lo que la presunción y la arrogancia han elevado a ley, y como tal doctrina tampoco puede persuadirle. No estar instruido es a menudo una suerte para el hombre de talento espiritual. La doctrina y la instrucción excesivas, como hemos dicho, tan sólo ahogan lo espiritual en el hombre, y alzan a mediocridad la medianía. El perjuicio es mayor que el posible premio. Ya no se considera válida como tarea la interpretación espiritual de un tema en la pintura de paisaje, aunque sea con la más seria aspiración de imitar fiel y verdaderamente la naturaleza, sino que lo que la época nos exige es la copia fidedigna de los cuerpos, esto es, lo largo, lo ancho, lo alto y las formas y colores; pues, según el parecer de estos señores, precisamente sólo en eso puede expresarse el espíritu. Esto se denomina abnegación pura, sumisa, infantil, y sacrificio de la propia voluntad. Por tanto: el pintor no debe querer, sino pintar. (...) XX pinta con palabras, y a menudo su sentimiento se expresa felizmente en palabras. Si, en cambio, quiere expresarse, como presunto pintor, en formas y colores, sus esfuerzos, como la figura muestra, no son en vano. Llega a preguntarse si su saber no le sirve más de estorbo que de ayuda. Pues lo que siente y le afecta se refleja en su alma como pensamiento en palabras, no como imagen en forma y colores y pensamiento. ¡Dichoso el lugar en el que cabeza, corazón y mano vayan al mismo paso! (...) La naturaleza no dio todo a uno, sino algo a cada uno. En cada tema particular subyace, sin embargo, la infinitud de concepto y la versatilidad universal de la representación. Admiro y reconozco también la grandiosidad de quien -como ya dije- cuenta con los límite, dispuestos por la naturaleza y sabe adaptarse humildemente a ello, y obra según sus fuerzas, en lugar de pretender batirlas impetuosamente más allá de sí mismo. Son enormes los progresos que hace XX desde hace cinco o seis años, pues cada nuevo cuadro supera con mucho al anterior, y lo que teníamos que censurar en cuadros tempranos no volvemos a hallarlo en los siguientes, y lo que hubimos de elogiar en sus paisajes, sólo puede ser admirado en las obras de después. Así pues, uniendo mi voz a la de sus panegiristas, quiero decir que podría, en justicia, recomendarse como modelo de nuestra época, si bien no como modelo incondicional, como piensan aquéllos, pues éste sigue siendo por siempre la naturaleza. XX es también un hijo de su tiempo, como todos los hombres, y quizá también a él le haga bajar la cerviz la época venidera. Bien está que no persiga la vanidad de la fama, y esperemos que siga buscando, como ahora, lo justo y verdadero, naturaleza y verdad. Así habrá cumplido su deber y será reconocido en todos los tiempos como un hombre significativo de su época, aunque un futuro lejano pueda aventajarlo. El pintor no debe pintar meramente lo que ve ante sí, sino también lo que ve en sí. Y si en sí mismo no viera nada, que deje entonces de pintar lo que ve ante sí. Pues si no, sus cuadros parecerán biombos tras los que uno sólo espera ver enfermos o, quizá, cadáveres. El señor XX no ha visto nada que no pueda ver cualquier otro, a no ser que sea ciego, y a los pintores se les exige ver más. Las pinturas de XXX impresionan a primera vista, pero con el tiempo no mantienen la conversación; semejan a una belleza desanimada de la que uno se harta. (...) Es una gran virtud saber sentir y reconocer las propias flaquezas, y circunscribirse humildemente a los estrechos límites que la naturaleza nos dispuso, y de ahí sacar y crear fuerzas. Así, ha de tenerse por grande a su manera al recientemente fallecido XX, que es único en sus copias y merece todo nuestro respeto, como ese dibujo testifica. SOBRE ARTE Y ESPÍRITU ARTÍSTICO Permítaseme exponer con la mayor brevedad, una vez más, mis pareceres acerca de lo que son el arte y el espíritu artístico del hombre. Has de obedecer más a Dios que a los hombres. Cada uno lleva consigo la ley de lo justo y lo injusto; su conciencia le dice: haz esto, deja aquello. Los Diez Mandamientos son sentencias puras, patentes, de todo nuestro conocimiento de lo verdadero y lo bueno. Cada uno las reconoce incondicionalmente como la voz de su interior, nadie puede revelarse en contra. Si quieres dedicarte al arte, si sientes la vocación de consagrarle tu vida, presta entonces atención a la voz de tu interior, pues es arte en nosotros. Guárdate de la fría erudición y de frívolos raciocinios, pues acaban con el corazón, y, allí donde han muerto el corazón y el ánimo del hombre, no puede habitar el arte. Conserva en ti un sentido puro, infantil, y sigue la voz de tu interior, pues es lo divino en nosotros y no nos conduce a error. Debes consagrar todo impulso de tu ánimo, atender como sagrado a todo presentimiento piadoso, pues es arte en nosotros. En la hora del entusiasmo se hace forma visible, y esa forma es un cuadro.¡Nadie debe proliferar en su labor con recursos ajenos y enterrar los suyos propios! Tu solo talento es lo que en tu interior reconoces como verdadero y bello, como noble y bueno. Debas ver con los propios ojos y, tal y como se te aparezcan los objetos, reproducirlos fielmente. ¡Reproduce las cosas en el cuadro tal y como ellas actúan sobre ti! A muchos se les dio poco, a pocos mucho. A cada uno se le manifiesta el espíritu de la naturaleza de forma distinta, por lo que nadie tiene derecho a descargar en los otros doctrinas y reglas como leyes infalibles. Nadie es medida para todos, cada uno es medida de sí mismo y de los corazones más o menos afines. Así pues, no se dispuso el hombre como modelo necesario del hombre, sino que su meta es lo divino, lo infinito. ¡Es al arte y no al artista a lo que hay que aspirar! El arte es infinito, finito es todo artista, toda destreza, todo saber. Fuente: Fragmentos para una teoría romántica del arte (antología de Novalis, Schiller, Schlegel, Von Kleist, Holderlin), Editorial Tecnos |
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