NIRAM ART NUMERO 9


El exilio como modo de conocimiento, CATALIN GHITA

Pero no diferentemente acontece en el caso del exilio espiritual. Hoy en día, debido a numerosas fracturas emocionales y psicológicas que puede inducir el espacio virtual de Internet, el hombre se puede alienar fácilmente. Pero también es verdad que esta fácil alienación trae consigo una adaptabilidad igual de grande: la persona que deja su casa, (concreta o abstracta) puede regresar, al final de una excursión Web, de  una forma extremamente fácil, al lugar que dejó atrás, con la condición de poseer una disposición intelectual sensible al retorno. Nos confrontamos, casi diariamente, con modos de evasión, con tentaciones del exilio: en función del grado de curiosidad y de empatía heurística, podemos escoger irnos a casa más o menos a menudo, por un tiempo más o menos largo. Lo que les era reservado, un siglo atrás, sólo a los inadaptados superiores o a los artistas acostumbrados a contornear, mentalmente, regiones fabulosas, es, hoy en día, un fenómeno perfectamente democratizado. La experiencia profunda del exilio espiritual pone las cosas del nuestro alrededor y a nosotros mismos, en una perspectiva feliz, permitiendo, en muchos casos, que el conocimiento del objeto del cual nos alejamos sea directamente proporcional con la distancia asumida frente a él.


Resumiendo, se puede aprender enormemente con una experiencia de exilio físico o espiritual. En su ausencia, los fenómenos que nos circundan se repiten sin ningún sentido superior, y el espacio que habitamos se vuelve banal. Ganando la aureola de la distancia, las formas familiares pueden ser apropiadas afectivamente, y, por esta razón, las conocemos mejor de lo que conseguimos solamente mediante los conceptos impartidos secamente por el intelecto.

Tal como habia intuido Eliade, al final de cualquier alejamiento, Ithaca espera pacientemente por su Odiseo destinado a redescubrirla.


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